jueves 10 de diciembre de 2009
Cincuenta
Las manecillas que marcaban el tiempo, avanzaban con paso ligero. Cada segundo transcurría con tanta naturalidad que se apreciaba el más mínimo detalle de sus expresiones. Llevaban al menos cincuenta a;os juntos y el brillo de sus pupilas seguía inalterable. A través de sus ojos se veía la vitalidad de aquellos dos adolescentes que acababan de conocer el amor. Pero las arrugas de su frente no los dejaban mentir.
Llevaban cincuenta a;os de besos, de caricias,de pasiones. Un amor tan sosegado y fundado en la confianza, que no permitía la existencia de la duda; los celos no eran muestra ni de posesividad, ni de violencia, eran unos celos que se antojaban. Tal armonía, sólo era posible detrás de la tormenta. Sentados apaciblemente, cenaban admirándose como la primera vez, pero al mismo tiempo como si no fueran a verse nunca más.
La diminuta casa con su fachada rustica en color marrón, era testigo de toda una vida. Las plantas de la entrada, el árbol de manzanas de la esquina, la mesita en la que solían tomar el té por las tardes de verano. Todo era testigo del inexplicable amor que se tenían.
Llevaban cincuenta a;os juntos. Sus miradas se cruzaron, sus manos hicieron lo propio, pero no se alcanzaron a tocarse. El calor de su roce había desaparecido. No había platos, no había cena. Todos eran testigos.
Depurando mi alma...
miércoles 11 de noviembre de 2009
Día 73
Pastel de naranja: precalentar el horno a trecientos cincuenta grados; engrasar un molde. Batir mantequilla, sal; agregar harina, azúcar, una yema de huevo. Continuar batiendo y añadir leche, ralladura de naranja y un toque de melancolía. Se hornea por sesenta minutos.
Pastel de naranja. Mi último cumpleaños debo decir, fue significativo. Peleamos, gritamos, lloraste, me hundí. Pero hubo pastel de naranja. Pensabas en él y yo me amargaba con cada suspiro. El amigo que te escucha y el novio celoso y posesivo, se entremezclaron. Tus palabras pesaron más que tu compañía; tu presencia extrapolada, tu trato amistoso, el compromiso social. Jugabas con mis titubeos, tentando palabra a palabra el fruto de mi cólera. Estallé, estabas sin estar.
El auto no arrancaba y mi nueva chaqueta yacía en el asiento trasero. Fue un gran detalle de tu parte. La tensión aumentaba conforme los otros autos pasaban a nuestro lado. La sonoridad de la calle, un año más, la maraña de mis pensamientos, todo conspiró en mi contra. Tus gritos y sollozos no me dejaban concentrarme. El auto no encendía y un pastel de naranja me esperaba. No quería escuchar de él, era mi cumpleaños. No quería oír tus relatos que me taladraban, que me sumergían en una paranoia acompañada de ira y ansiedad. Era mi cumpleaños y había pastel de naranja.
Tú eres mi felicidad. Pero ese día la bestia se apoderó de mí y sin más remedio me rendí ante sus encantos; ni la música, ni la razón retuvieron mis instintos más primitivos. La sensación de posesión, de sentirte aún mía y parte de mis días, se hizo presente. Los celos enervaron uno a uno mis sentidos. Te tomé con firmeza por las muñecas, te forcé, te sometí. Estallé, estabas sin estar.
Mi cabello desordenado, la rabia de mis ojos, el sudor de mi frente reflejaba mi éxtasis irascible. Por un instante me despegué, observé la escena desde fuera. Tu mirada envuelta en un aura púrpura, la expresión torcida de tu boca y las marcadas arrugas sobre tu frente, turbaron tu inocencia. No soy violento, estallé. Un escalofrío recorrió cada una de mis vértebras, subiendo hasta la nuca. El golpe frío me hizo detenerme.
Lo siguiente, autodesprecio. Me dejé llevar por la espiral más profunda. ¿Formaría parte de una de tus pesadillas? o, ¿sería un recuerdo reprimido? Los colores de mi rostro regresaron al tono habitual, mientras mi moral se revolcaba en el fango. Culpa; cometí el yerro más execrable. Mis sentimientos me traicionaron, la pasión se tornó negra, repugnante.
Mi cumpleaños fue significativo, la serenidad se rompió y hubo pastel de naranja: perdóname.
Desmoldar inmediatamente y disfrutar... el pan suave y caliente me traslada a mi lugar de origen. El nítido olor a cítrico me recuerda tus ojos, aura de tus labios. Pastel de naranja.
Te amo
Depurando mi alma...
domingo 25 de octubre de 2009
SIn camino
¿Qué no fue tu culpa? ¿qué no lo planeaste? tampoco mi venganza será planeada, pero llegará la hora. ¿Qué si te haré sufirir? tenlo por seguro. Por que conmigo no te espera más que desgracia y desdicha. ¿Qué si por qué te castigo? lo mereces y lo sabes, no tendré piedad así supliques por la misma. Ningun ser amado traiciona.
No soy el mismo, lo notaste. No más caricias, en su lugar tendrás rasguños; no más consideraciones, en su lugar tendrás engaños; no más amor, en su lugar tendrás mi indiferencia. Porque todo se paga y nada se debe. Porque Dios es justo.
¿Qué si te amo? lo dudo, me has matado por centecima vez. Ya no puedo. No tengo piernas, no tengo brazos alguien se encargó de destazarme vivo; alguien se encargó de exterminar la poca humanidad que conservaba. He vuelto, para nunca más irme.
Solo, en el callejón de mis pensamientos espero la hora. Ella es la única que no me ha traicionado.. pero, ¡maldita sea! ¡¿cómo demora?! Ten misericordia y pon fin a esta inmunda realidad. No me deja más que malas experiencias y el deseo de no comenzar jamás.
¿Quién eres? no iré contigo. No puedo descuidarme. No me importas. Ni siquiera su integridad es grata de mi atención. Llama a otros, no me afecta. Mi camino ha sido iluminado y pienso seguirlo hasta el final. Concentración, eso es todo. Al final una luz.
Depurando mi alma...
domingo 4 de octubre de 2009
Día 90
Me encuentro en el café de la esquina. El día no pintaba nada bien y decidí salir a reinventarme. Tomé mi libreta de notas y ahora estoy aquí escribiéndote de las fotografías que guardaba en la misma. Hay una del otoño que pasamos en Nueva York. Un majestuoso camino lleno de hojas secas con el fondo rojizo cobre de la temporada. Los árboles se presentan con tal armonía que te invitan a penetrar el papel y oler la escena. Fue tomada en Central Park, tu sonreías. ¡Tantos recuerdos vienen a mi mente! me arrepiento del tiempo tirado en discusiones superfluas.
También está aquella que te tomé mientras dormías. ¿Lo recuerdas? te desperté y no me hablaste durante las tres horas que le siguieron al episodio. Pero valió la pena. Irradias paz, serenidad y sobre todo ternura. Tus labios se ven suaves, tus mejillas tersas. El cabello revuelto contrasta con la simetría de tus facciones. No podía dejar de contemplarte, por eso la tomé. Jamás apartaría pedazos de tu alma sin que fuera necesario. Las fotografías eso hacen, te roban trozos que luego se plasman en papel. Nunca vuelves a ser el mismo de la imagen. Por eso la gente las guarda con gran recelo, son como esmeraldas, rubíes, o incluso diamantes. Invaluables para mi.
A excepción de la fotografía del funeral, no aparezco en ninguna otra. Mantengo entera mi alma, para cuando sea el momento de regalártela..
Te amo
Depurando mi alma...
domingo 6 de septiembre de 2009
Día 60
Un dolor abdominal muy intenso me despertó a las 3 de la mañana. No he recuperado la onda de sueño desde esa hora. Tirado en la cama del raquítico departamento donde vivo, trato de pasar el rato. Parece como si me fueran a reventar las entrañas, derramando su pútrido contenido sobre los demás órganos. Tengo fiebre y sudoraciones profusas, lo sé porque la sábana está mojada. La cabeza me da vueltas y palpita con gran estruendo. Puedo oír los ruidos de la calle, nada se ha detenido. Siento que me voy…
10 de la noche
Acabo de despertar entre un gran alarido, ya no estoy en mi departamento, ni en mi cama. El dolor ha cedido, pero sigue presente; me encuentro somnoliento y muy confundido. Las paredes son blancas, no puedo percibir gran detalle, mi vista se nubla de cuando en cuando. Del cuarto contiguo sale una enfermera; revisa mis ojos, checa mi pulso y coloca un termómetro en mi boca. –La fiebre ha bajado, ha tenido usted suerte de que lo trajeran a tiempo. Trate de descansar.- Aún más desconcertado, me pregunto que sucedió.
Busco en mi memoria, pero sólo aparecen escenas de un sueño. Estabas tú, pero no como en las demás ocasiones. Éste fue diferente. Me encontraba justo frente a ti, sin embargo era como si no pudieras verme y cuando te hablé no respondiste. Por un momento creí que estabas privada de todos tus sentidos, que tal vez habías sufrido un accidente horripilante. Pero no fue así. Mayor fue mi perplejidad al ver a un tipo alto, musculoso y sereno acercarse a nosotros. Era Julio. Sus manos se prendieron a tu cintura y te ahogó en un húmedo beso. Yo contemplaba la escena estupefacto, luego todo se tornó negro y desperté.
Sin duda alguna la demencia de aquellos meses sigue en mí. Acrecentándose día a día con la preocupación de la distancia. ¿Qué pasaría si él aparece de nuevo? Ya no estaré para protegerte y ser tu hombro en los momentos difíciles. Siempre te lo dije, antes de que aprendiera a amarte con tanta fuerza, primero me convertí en tu amigo. Lo irónico es que por más que lo intenté, nunca pude volver a serlo. Sincerándome, tampoco lo fui cuando más me necesitaste. En ese tiempo no era más que un amante abandonado y sobre todo, celoso de la situación naciente. Fingía hasta mi forma de respirar cada vez que llamabas, pareciendo distante, pero al mismo tiempo mostrando la preocupación hipócrita de un amigo casual. Lo sé, parecía muy natural; tengo dotes histriónicos.
-Buenas noches señor, le hemos tenido que someter a un procedimiento quirúrgico de urgencia. La señora que le ayuda en su departamento lo trajo, literalmente le salvó la vida. Tenía una apendicitis muy severa; si hubiera demorado más, probablemente no le estaría contando esto.- El medico muy bien parecido y con su bata extremadamente pulcra no deja de sonreír. A mi mente sólo viene una imagen. Tu sonrisa.
-¿Tiene usted alguna pregunta?- A lo que respondo moviendo la cabeza denotando negación.
Por fin se retira. El desgraciado piensa que me ha hecho un favor. Y ahora resulta que tengo una deuda de vida con la gorda señora que limpia mis porquerías. Vaya que existe cada ser humano. Por momentos desearía ser el único. Después apareces tú y la idea se esfuma. A tu lado soy una mejor persona, claro de acuerdo a los estándares sociales a los que nos amarramos.
Estoy débil, cansado y antisocial. Mil cuatrocientos cuarenta horas menos
Te amo.
Depurando mi alma…
sábado 29 de agosto de 2009
Día 40
La calle está muy oscura. Me he perdido en mi intento por escapar de la rutina. Vagos y perros se entremezclan, no los puedo distinguir. Aunada a mi mala fortuna, en mi escritorio me esperan algunos kilos de asuntos pendientes sin resolver. Camino a tientas tratando de no tropezar con otro ser y evitando en todo lo posible los charcos de agua. La suciedad que emana del lugar se puede percibir a la mínima inhalación. ¡Dios mío! ¿Cómo llegué a este lugar? No soy creyente, tú lo sabes.
Bloqueo mi mente en lo posible, al menos hasta encontrar un lugar seguro. ¡Sí!, aquí viene a mi memoria el primer día que te vi. Después de tres semanas de lluvia y de un clima maravillosamente frio, apareció el sol. Con ello mi mal humor, pero entre todo aquel esplendor y primaveral aroma que tanto me perturbaba, estabas tu. Mi sangre se heló y el pulso se detuvo por segundos. Luego una onda cálida, extraña y muy potente se apoderó de mí. Mis piernas insistían en seguirte, mi manos en estrechar las tuyas, mis labios en propiciar el encuentro, pero mi mente temblaba de miedo. Me paralicé. Luego añoré haber tenido el valor para hablarte, era un cobarde hecho y muy torcido. Ni mis años de arduo estudio sirvieron, y no es que esperara que lo hicieran, tampoco creo en el sistema educativo. Días enteros me lo repetí, maldije y renegué, pero la vida siguió su curso natural.
Semanas después, cuando creí que todo había sido un sueño, nos topamos frente a frente. Siempre he sido descuidado y en mi apresudado paso con la vista clavada en el suelo, te atropellé. Apenado te ayudé a levantar un montón de canicas de colores, que traías contigo. Se habían dispersado por toda la acera en un caótico orden. No levanté la mirada. La última canica se asomaba entre un hoyuelo del concreto y al tomarla descubrí lo que tenía frente a mí. Unos ojos capaces de adentrarse en lo más recóndito de mi ser. ¿Cómo era eso posible? todavía no lo comprendo. Tu sonreíste, yo me sonrojé. Hubo una tremanda conexión extrasensorial y una atracción más fuerte que el campo magnético de la tierra. Y todo para mi sorpresa. En menos de un tercio de segundo me había enamorado. Y no fue ese momento, con las canicas rodando y tu sentido de la orientación extraviado por el golpe. Fue desde el primer instante que sentí tu aura rondándome y las caricias de tu alma atarme a una prisión. En el espacio en que las horas, los minutos y los segundos se detienen perdiendo su sentido.
La mejor parte de la historia, es que mientras me disculpaba una y otra vez, nunca dejaste de sonreírme con tus hermosos ojos. Me di cuenta que también te habías enamorado. El clima pasó a segundo término una vez más. Y era como si el semáforo con su luz verde intermitente, los automóviles acelerándose para alcanzar a cruzar, la señora del puesto de revistas que bostezaba y la fila de hormigas que bordeaba la pared del edificio, hubieran dejado de existir. En la cotidianidad de la escena, sólo nuestras respiraciones exaltadas por el momento, se escuchaban.
Al final del callejón una luz, algunos pasos más y estaré ahí. Entre el calor y la pestilencia me están sacando de mis casillas, ya casi llego. Un hotel barato. No es seguro, pero no tengo otra opción. La oscuridad nos abraza con tal brutalidad, que no es posible caminar con libertad por las calles. Una mujer que no pasa de veinte años es la recepcionista. Su aspecto descuidado, dientes chuecos, amarillentos por la falta de aseo y la pared llena de moho arman el cuadro. El lugar apesta a humo de cigarro y alcohol adulterado. No tengo otra opción. Me han dado el cuarto doscientos treinta y nueve. Subo las escaleras, que entre crujidos me gritan su edad y la cantidad de personas que han pasado sobre ellas. Una puerta de lo más simple y con el número tres al punto del suicidio me anuncian que he llegado a mis aposentos. Cierro la puerta, no me molesto en prender la luz y mucho menos en desnudarme. Me recuesto y cierro los ojos deseando estar en otro lugar. La misma oscuridad que reina la noche invade mis sentidos. Te extraño
Novecientos sesenta horas menos...
Te amo
Depurando mi alma...
jueves 20 de agosto de 2009
Día 14
Hacía una noche fría de invierno, pero en aquel bar que frecuentábamos, la temperatura era agradable. Elegimos la mesa más próxima a la entrada, el humo de cigarro te perturba mucho. Un vicio menos para mí. La música comenzó y pedimos unos tragos. De la nada te llegó una invitación en una sucia servilleta con la siguiente nota: "Bella como la noche, encantaste mis sentidos...mi nombre es Julio, acepta la bebida como un presente de mi parte. Me gustaría conocerte". No dije algo, esperé reacción alguna. Tus ojos se salieron de sus órbitas, buscando una respuesta en las partículas de aire. El brillo inquieto e ingenuo que emanaba de tu iris me lo dijo todo. No hizo falta que lo expresaras con palabras, el pensamiento fue externado por sí mismo.
A pesar de saberlo, me sorprendió la rapidez con que avanzó todo el proceso. Sabía que habría noches en las que me arrancaría la piel, mordería mi lengua, sacaría mis ojos y aún así no se podría comprar con el dolor naciente de mi pecho. ¡Y así fue! me hundí poco a poco en un estanque lleno de pensamientos oscuros. Ni el pasar de los carros, de los niños, de las nubes me arrebata esa imagen. El trabajo transcurría monótono y el café al caer del sol que solía disfrutar tanto, perdió su sabor. Despertando cada mañana, me daba cuenta que era un muerto en vida. La aspiración más grande que tenía, era llegar de nuevo a casa, en particular a mi dormitorio.
Era el último cuarto del pasillo que daba al jardín. Estaba oscuro, frío y un tanto húmedo, por toda la vegetación que había entorno del mismo. Dos paredes eran color verde olivo, una tercera café chocolate y la cuarta estaba ocupada por un amplio closet. Yo mismo lo diseñé. Siempre te gustó. La cama no era convencional, estaba al nivel del piso; el resto del mobiliario tú lo elegiste. Muebles importados de caoba fina y con un barniz especial para evitar el desgaste diario. Frente a la cama se encontraba el ventanal, de ahí se podía ver el patio completo. Con todos esos árboles y flores que te mantenías admirando. ¡Tontita! Y todo eso sin darte cuenta que tú eres mucho más bella. Sobre la pared principal del cuarto comencé un mural, un árbol con raíces salientes. En un inicio quería que fuera fogoso y con muchos frutos. No pude terminarlo, se quedó el puro tronco son sus raíces y ramas desnudas…
Sé predecir el futuro, ¿Ya te lo dije? Doscientos sesenta y cuatro horas menos.
Te amo
Depurando mi alma...