miércoles, 11 de noviembre de 2009

Día 73

Pastel de naranja: precalentar el horno a trecientos cincuenta grados; engrasar un molde. Batir mantequilla, sal; agregar harina, azúcar, una yema de huevo. Continuar batiendo y añadir leche, ralladura de naranja y un toque de melancolía. Se hornea por sesenta minutos.

Pastel de naranja. Mi último cumpleaños debo decir, fue significativo. Peleamos, gritamos, lloraste, me hundí. Pero hubo pastel de naranja. Pensabas en él y yo me amargaba con cada suspiro. El amigo que te escucha y el novio celoso y posesivo, se entremezclaron. Tus palabras pesaron más que tu compañía; tu presencia extrapolada, tu trato amistoso, el compromiso social. Jugabas con mis titubeos, tentando palabra a palabra el fruto de mi cólera. Estallé, estabas sin estar.

El auto no arrancaba y mi nueva chaqueta yacía en el asiento trasero. Fue un gran detalle de tu parte. La tensión aumentaba conforme los otros autos pasaban a nuestro lado. La sonoridad de la calle, un año más, la maraña de mis pensamientos, todo conspiró en mi contra. Tus gritos y sollozos no me dejaban concentrarme. El auto no encendía y un pastel de naranja me esperaba. No quería escuchar de él, era mi cumpleaños. No quería oír tus relatos que me taladraban, que me sumergían en una paranoia acompañada de ira y ansiedad. Era mi cumpleaños y había pastel de naranja.

Tú eres mi felicidad. Pero ese día la bestia se apoderó de mí y sin más remedio me rendí ante sus encantos; ni la música, ni la razón retuvieron mis instintos más primitivos. La sensación de posesión, de sentirte aún mía y parte de mis días, se hizo presente. Los celos enervaron uno a uno mis sentidos. Te tomé con firmeza por las muñecas, te forcé, te sometí. Estallé, estabas sin estar.


Mi cabello desordenado, la rabia de mis ojos, el sudor de mi frente reflejaba mi éxtasis irascible. Por un instante me despegué, observé la escena desde fuera. Tu mirada envuelta en un aura púrpura, la expresión torcida de tu boca y las marcadas arrugas sobre tu frente, turbaron tu inocencia. No soy violento, estallé. Un escalofrío recorrió cada una de mis vértebras, subiendo hasta la nuca. El golpe frío me hizo detenerme.

Lo siguiente, autodesprecio. Me dejé llevar por la espiral más profunda. ¿Formaría parte de una de tus pesadillas? o, ¿sería un recuerdo reprimido? Los colores de mi rostro regresaron al tono habitual, mientras mi moral se revolcaba en el fango. Culpa; cometí el yerro más execrable. Mis sentimientos me traicionaron, la pasión se tornó negra, repugnante.

Mi cumpleaños fue significativo, la serenidad se rompió y hubo pastel de naranja: perdóname.

Desmoldar inmediatamente y disfrutar... el pan suave y caliente me traslada a mi lugar de origen. El nítido olor a cítrico me recuerda tus ojos, aura de tus labios. Pastel de naranja.

Te amo


Depurando mi alma...

domingo, 25 de octubre de 2009

SIn camino

Odio. Me carcome por dentro sin remedio. Es mi único amigo y compañero, no puedes entedender lo que pasa por mi cabeza. Cada partícula de tu ser explota pedazo a pedazo ¿puedes sentirlo? no lo creo. Tus ojos jamás podrán mirarme. Me he vuelto invisible y así pienso permanecer. Ni todo el amor que con tanto cuidado cultivé servirá. Estoy destrozado, hecho pedazos. ¿Pienso en ti, pienso en ella? no lo sé y no me importa. Una vez más recupero mi yo.

¿Qué no fue tu culpa? ¿qué no lo planeaste? tampoco mi venganza será planeada, pero llegará la hora. ¿Qué si te haré sufirir? tenlo por seguro. Por que conmigo no te espera más que desgracia y desdicha. ¿Qué si por qué te castigo? lo mereces y lo sabes, no tendré piedad así supliques por la misma. Ningun ser amado traiciona.

No soy el mismo, lo notaste. No más caricias, en su lugar tendrás rasguños; no más consideraciones, en su lugar tendrás engaños; no más amor, en su lugar tendrás mi indiferencia. Porque todo se paga y nada se debe. Porque Dios es justo.

¿Qué si te amo? lo dudo, me has matado por centecima vez. Ya no puedo. No tengo piernas, no tengo brazos alguien se encargó de destazarme vivo; alguien se encargó de exterminar la poca humanidad que conservaba. He vuelto, para nunca más irme.

Solo, en el callejón de mis pensamientos espero la hora. Ella es la única que no me ha traicionado.. pero, ¡maldita sea! ¡¿cómo demora?! Ten misericordia y pon fin a esta inmunda realidad. No me deja más que malas experiencias y el deseo de no comenzar jamás.

¿Quién eres? no iré contigo. No puedo descuidarme. No me importas. Ni siquiera su integridad es grata de mi atención. Llama a otros, no me afecta. Mi camino ha sido iluminado y pienso seguirlo hasta el final. Concentración, eso es todo. Al final una luz.

Depurando mi alma...

domingo, 4 de octubre de 2009

Día 90

Fotografías, una imagen que nunca perece y un sentimiento que no se esfuma. Hoy hace tres años, nos encontrábamos en el funeral de mi madre. Tu semblante era el de siempre, pero tus ojos me hablaban del dolor que te trasmitía. Lo siento mucho, dijiste, tratando de mostrar empatía y tu abrazo me pareció el más sincero en años. Es raro como la gente guarda fotografías de momentos felices, como si esperaran regresar el tiempo cada vez que las observan. Mis fotos son pocas, ésta en especial, la del funeral de mi madre, me gusta mucho. La piel de la gente contrasta con el negro de sus vestimentas, las siluetas están bien definidas y en los rostros se puede ver la pesadez del ambiente. Yo estoy ahí, inmóvil. Con mi corbata comprada para la ocasión. Tu a mi lado derecho, luces hermosa como siempre, la tristeza te sienta bien. No te apartaste ni un solo minuto, sabías que si lo hacías me derrumbaría y no quedaría nada de mi; así como una avalancha que arrasa con todo.

Me encuentro en el café de la esquina. El día no pintaba nada bien y decidí salir a reinventarme. Tomé mi libreta de notas y ahora estoy aquí escribiéndote de las fotografías que guardaba en la misma. Hay una del otoño que pasamos en Nueva York. Un majestuoso camino lleno de hojas secas con el fondo rojizo cobre de la temporada. Los árboles se presentan con tal armonía que te invitan a penetrar el papel y oler la escena. Fue tomada en Central Park, tu sonreías. ¡Tantos recuerdos vienen a mi mente! me arrepiento del tiempo tirado en discusiones superfluas.

También está aquella que te tomé mientras dormías. ¿Lo recuerdas? te desperté y no me hablaste durante las tres horas que le siguieron al episodio. Pero valió la pena. Irradias paz, serenidad y sobre todo ternura. Tus labios se ven suaves, tus mejillas tersas. El cabello revuelto contrasta con la simetría de tus facciones. No podía dejar de contemplarte, por eso la tomé. Jamás apartaría pedazos de tu alma sin que fuera necesario. Las fotografías eso hacen, te roban trozos que luego se plasman en papel. Nunca vuelves a ser el mismo de la imagen. Por eso la gente las guarda con gran recelo, son como esmeraldas, rubíes, o incluso diamantes. Invaluables para mi.

A excepción de la fotografía del funeral, no aparezco en ninguna otra. Mantengo entera mi alma, para cuando sea el momento de regalártela..

Te amo

Depurando mi alma...

domingo, 6 de septiembre de 2009

Día 60


9 de la mañana

Un dolor abdominal muy intenso me despertó a las 3 de la mañana. No he recuperado la onda de sueño desde esa hora. Tirado en la cama del raquítico departamento donde vivo, trato de pasar el rato. Parece como si me fueran a reventar las entrañas, derramando su pútrido contenido sobre los demás órganos. Tengo fiebre y sudoraciones profusas, lo sé porque la sábana está mojada. La cabeza me da vueltas y palpita con gran estruendo. Puedo oír los ruidos de la calle, nada se ha detenido. Siento que me voy…

10 de la noche

Acabo de despertar entre un gran alarido, ya no estoy en mi departamento, ni en mi cama. El dolor ha cedido, pero sigue presente; me encuentro somnoliento y muy confundido. Las paredes son blancas, no puedo percibir gran detalle, mi vista se nubla de cuando en cuando. Del cuarto contiguo sale una enfermera; revisa mis ojos, checa mi pulso y coloca un termómetro en mi boca. –La fiebre ha bajado, ha tenido usted suerte de que lo trajeran a tiempo. Trate de descansar.- Aún más desconcertado, me pregunto que sucedió.
Busco en mi memoria, pero sólo aparecen escenas de un sueño. Estabas tú, pero no como en las demás ocasiones. Éste fue diferente. Me encontraba justo frente a ti, sin embargo era como si no pudieras verme y cuando te hablé no respondiste. Por un momento creí que estabas privada de todos tus sentidos, que tal vez habías sufrido un accidente horripilante. Pero no fue así. Mayor fue mi perplejidad al ver a un tipo alto, musculoso y sereno acercarse a nosotros. Era Julio. Sus manos se prendieron a tu cintura y te ahogó en un húmedo beso. Yo contemplaba la escena estupefacto, luego todo se tornó negro y desperté.
Sin duda alguna la demencia de aquellos meses sigue en mí. Acrecentándose día a día con la preocupación de la distancia. ¿Qué pasaría si él aparece de nuevo? Ya no estaré para protegerte y ser tu hombro en los momentos difíciles. Siempre te lo dije, antes de que aprendiera a amarte con tanta fuerza, primero me convertí en tu amigo. Lo irónico es que por más que lo intenté, nunca pude volver a serlo. Sincerándome, tampoco lo fui cuando más me necesitaste. En ese tiempo no era más que un amante abandonado y sobre todo, celoso de la situación naciente. Fingía hasta mi forma de respirar cada vez que llamabas, pareciendo distante, pero al mismo tiempo mostrando la preocupación hipócrita de un amigo casual. Lo sé, parecía muy natural; tengo dotes histriónicos.

-Buenas noches señor, le hemos tenido que someter a un procedimiento quirúrgico de urgencia. La señora que le ayuda en su departamento lo trajo, literalmente le salvó la vida. Tenía una apendicitis muy severa; si hubiera demorado más, probablemente no le estaría contando esto.- El medico muy bien parecido y con su bata extremadamente pulcra no deja de sonreír. A mi mente sólo viene una imagen. Tu sonrisa.

-¿Tiene usted alguna pregunta?- A lo que respondo moviendo la cabeza denotando negación.
Por fin se retira. El desgraciado piensa que me ha hecho un favor. Y ahora resulta que tengo una deuda de vida con la gorda señora que limpia mis porquerías. Vaya que existe cada ser humano. Por momentos desearía ser el único. Después apareces tú y la idea se esfuma. A tu lado soy una mejor persona, claro de acuerdo a los estándares sociales a los que nos amarramos.


Estoy débil, cansado y antisocial. Mil cuatrocientos cuarenta horas menos

Te amo.

Depurando mi alma…

sábado, 29 de agosto de 2009

Día 40

La calle está muy oscura. Me he perdido en mi intento por escapar de la rutina. Vagos y perros se entremezclan, no los puedo distinguir. Aunada a mi mala fortuna, en mi escritorio me esperan algunos kilos de asuntos pendientes sin resolver. Camino a tientas tratando de no tropezar con otro ser y evitando en todo lo posible los charcos de agua. La suciedad que emana del lugar se puede percibir a la mínima inhalación. ¡Dios mío! ¿Cómo llegué a este lugar? No soy creyente, tú lo sabes.

Bloqueo mi mente en lo posible, al menos hasta encontrar un lugar seguro. ¡Sí!, aquí viene a mi memoria el primer día que te vi. Después de tres semanas de lluvia y de un clima maravillosamente frio, apareció el sol. Con ello mi mal humor, pero entre todo aquel esplendor y primaveral aroma que tanto me perturbaba, estabas tu. Mi sangre se heló y el pulso se detuvo por segundos. Luego una onda cálida, extraña y muy potente se apoderó de mí. Mis piernas insistían en seguirte, mi manos en estrechar las tuyas, mis labios en propiciar el encuentro, pero mi mente temblaba de miedo. Me paralicé. Luego añoré haber tenido el valor para hablarte, era un cobarde hecho y muy torcido. Ni mis años de arduo estudio sirvieron, y no es que esperara que lo hicieran, tampoco creo en el sistema educativo. Días enteros me lo repetí, maldije y renegué, pero la vida siguió su curso natural.

Semanas después, cuando creí que todo había sido un sueño, nos topamos frente a frente. Siempre he sido descuidado y en mi apresudado paso con la vista clavada en el suelo, te atropellé. Apenado te ayudé a levantar un montón de canicas de colores, que traías contigo. Se habían dispersado por toda la acera en un caótico orden. No levanté la mirada. La última canica se asomaba entre un hoyuelo del concreto y al tomarla descubrí lo que tenía frente a mí. Unos ojos capaces de adentrarse en lo más recóndito de mi ser. ¿Cómo era eso posible? todavía no lo comprendo. Tu sonreíste, yo me sonrojé. Hubo una tremanda conexión extrasensorial y una atracción más fuerte que el campo magnético de la tierra. Y todo para mi sorpresa. En menos de un tercio de segundo me había enamorado. Y no fue ese momento, con las canicas rodando y tu sentido de la orientación extraviado por el golpe. Fue desde el primer instante que sentí tu aura rondándome y las caricias de tu alma atarme a una prisión. En el espacio en que las horas, los minutos y los segundos se detienen perdiendo su sentido.

La mejor parte de la historia, es que mientras me disculpaba una y otra vez, nunca dejaste de sonreírme con tus hermosos ojos. Me di cuenta que también te habías enamorado. El clima pasó a segundo término una vez más. Y era como si el semáforo con su luz verde intermitente, los automóviles acelerándose para alcanzar a cruzar, la señora del puesto de revistas que bostezaba y la fila de hormigas que bordeaba la pared del edificio, hubieran dejado de existir. En la cotidianidad de la escena, sólo nuestras respiraciones exaltadas por el momento, se escuchaban.

Al final del callejón una luz, algunos pasos más y estaré ahí. Entre el calor y la pestilencia me están sacando de mis casillas, ya casi llego. Un hotel barato. No es seguro, pero no tengo otra opción. La oscuridad nos abraza con tal brutalidad, que no es posible caminar con libertad por las calles. Una mujer que no pasa de veinte años es la recepcionista. Su aspecto descuidado, dientes chuecos, amarillentos por la falta de aseo y la pared llena de moho arman el cuadro. El lugar apesta a humo de cigarro y alcohol adulterado. No tengo otra opción. Me han dado el cuarto doscientos treinta y nueve. Subo las escaleras, que entre crujidos me gritan su edad y la cantidad de personas que han pasado sobre ellas. Una puerta de lo más simple y con el número tres al punto del suicidio me anuncian que he llegado a mis aposentos. Cierro la puerta, no me molesto en prender la luz y mucho menos en desnudarme. Me recuesto y cierro los ojos deseando estar en otro lugar. La misma oscuridad que reina la noche invade mis sentidos. Te extraño

Novecientos sesenta horas menos...

Te amo


Depurando mi alma...


jueves, 20 de agosto de 2009

Día 14

Hoy tomé lápiz y papel. Los trazos de las letras me parecen irreales, objetos intangibles y emociones creadas por mi enferma mente. ¿Te he dicho que puedo predecir el futuro? hace tres días el cielo estaba nublado, pero no llovió. Yo lo predije. No es que sea una especie de psíquico, más bien analizo perfectamente todas las posibilidades de los eventos. ¿Recuerdas cuando lo conociste a él? también predije que te alejarías de mi cuerpo mortal, más no de mi alma.

Hacía una noche fría de invierno, pero en aquel bar que frecuentábamos, la temperatura era agradable. Elegimos la mesa más próxima a la entrada, el humo de cigarro te perturba mucho. Un vicio menos para mí. La música comenzó y pedimos unos tragos. De la nada te llegó una invitación en una sucia servilleta con la siguiente nota: "Bella como la noche, encantaste mis sentidos...mi nombre es Julio, acepta la bebida como un presente de mi parte. Me gustaría conocerte". No dije algo, esperé reacción alguna. Tus ojos se salieron de sus órbitas, buscando una respuesta en las partículas de aire. El brillo inquieto e ingenuo que emanaba de tu iris me lo dijo todo. No hizo falta que lo expresaras con palabras, el pensamiento fue externado por sí mismo.

A pesar de saberlo, me sorprendió la rapidez con que avanzó todo el proceso. Sabía que habría noches en las que me arrancaría la piel, mordería mi lengua, sacaría mis ojos y aún así no se podría comprar con el dolor naciente de mi pecho. ¡Y así fue! me hundí poco a poco en un estanque lleno de pensamientos oscuros. Ni el pasar de los carros, de los niños, de las nubes me arrebata esa imagen. El trabajo transcurría monótono y el café al caer del sol que solía disfrutar tanto, perdió su sabor. Despertando cada mañana, me daba cuenta que era un muerto en vida. La aspiración más grande que tenía, era llegar de nuevo a casa, en particular a mi dormitorio.

Era el último cuarto del pasillo que daba al jardín. Estaba oscuro, frío y un tanto húmedo, por toda la vegetación que había entorno del mismo. Dos paredes eran color verde olivo, una tercera café chocolate y la cuarta estaba ocupada por un amplio closet. Yo mismo lo diseñé. Siempre te gustó. La cama no era convencional, estaba al nivel del piso; el resto del mobiliario tú lo elegiste. Muebles importados de caoba fina y con un barniz especial para evitar el desgaste diario. Frente a la cama se encontraba el ventanal, de ahí se podía ver el patio completo. Con todos esos árboles y flores que te mantenías admirando. ¡Tontita! Y todo eso sin darte cuenta que tú eres mucho más bella. Sobre la pared principal del cuarto comencé un mural, un árbol con raíces salientes. En un inicio quería que fuera fogoso y con muchos frutos. No pude terminarlo, se quedó el puro tronco son sus raíces y ramas desnudas…

Sé predecir el futuro, ¿Ya te lo dije? Doscientos sesenta y cuatro horas menos.

Te amo

Depurando mi alma...

domingo, 16 de agosto de 2009

Día 1

Me encuentro fumando en la terraza, escribo estas líneas con la esperanza de algún día estar de nuevo a tu lado y mostrarte lo que mi alma ocultó todos estos años. Una ansiedad inmensa se apodera de mi ser, tal vez tu la sientes aún más que yo, no lo sé. Es un domingo cualquiera, pero se respira un aire asfixiante. La tarde es calurosa, edificio semi vacío, mi cabeza está exhausta. En el horizonte se puede ver una línea roja, supongo que es la contaminación de la "gran" ciudad, un día más que colapsa y el atardecer se adueña del ambiente. ¿Y yo?, aquí extrañándote, ¡amándote con tanta fuerza! Verdaderamente no sé que hacer con esto. En la semana sobreviví por la carga del nuevo trabajo, la búsqueda de lugares para comer, lavandería, tu sabes cosas cotidianas. Pero ahora, cuando el ritmo parece detenerse por unos momentos, me hago consiente de la decisión que tomé. Ahora es cuando la llama del deseo me hace cuestionarme acerca de lo que llamamos correcto. Me fui de aquel pueblo de polvorientas calles, con toda la intención de olvidarte y de iniciar otra vida. Una que si al menos no sería mejor, no me haría sufrir tanto al pensarte en los brazos de otro. Pero como decía mi abuelita "me salió el tiro por la culata".

La última hora junto a ti, en aquél café lleno de personajes bizarros, cambió mi perspectiva bruscamente. Recuerdo hasta el más mínimo detalle. Tu larga cabellera lacia y perfecta, se mecía con la brisa que entraba por la ventana; la comisura de tus labios que los definen de una manera realmente exquisita, tus ojos tan profundos y con esa sincera expresión de la que me enamoré. !Y qué decir de tu bella sonrisa! es una invitación a la alegría. Hasta recuerdo el mugriento recipiente del azúcar y como nuestras manos se rozaron al tratar de alcanzarlo. El café era de lo más asqueroso, sin cuerpo y con una textura por demás desagradable, pero ese instante no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo.

Ya oscureció, ciento sesenta y ocho horas menos.

Te amo



Depurando mi alma...

domingo, 19 de julio de 2009

Agua Salada

Corrían ríos de lágrimas por todo su rostro. Entre los pliegues de su cuello se podía observar el rastro salado de todas aquellas gotas que ya habían muerto. No me pregunten por la expresión de su cara, era horrenda, la peor que he visto hasta ahora. Imaginen unos ojos tan hinchados y rojos, se les podía comparar con unos tomates a punto de reventar. Su pesar, no lo sé, hasta hoy es una incógnita para mi. Lo que no es una incógnita son sus sollozos doloridos, se escuchaban a kilómetros de distancia. Como aullidos de lobas que han perdido a sus cachorros. Se podría pensar que era una madre desesperada, llorándole a sus hijos; pero no, ella era soltera. Al menos eso creíamos todos. Yo siempre tuve una teoría. Probablemente se había enamorado perdidamente de un caballero viajero, al punto de extraviar su alma. Si, por eso lloraba, ¿Qué más podía ser? Enamorada y dejada la misma noche. La compadezco, no era para menos.

En el pueblo todo era normal. Había chámacos normales, árboles normales, perros normales, hasta el polvo era de lo más normal. Sin embargo año con año llegaban miles y miles de visitantes, cada uno cargando su propia historia. Tratando de mirarle a ella, de siquiera poder respirar el mismo aire. Por los viejos caminos se corrió el rumor de que era una especie de virgen, una mártir, y que con tocar una de sus tantas lágrimas podía sanar cualquier tipo de mal.

Yo no me tragaba esas tonterías, ¡qué mártir, ni que nada.. y menos aún virgen! Ella sufría como muchas otras muchachas de por aquí, el mal de amores. Sólo que por alguna cuestión científica no podía parar de llorar. A mi me parecía de lo más chistoso, como se empujaban y amotinaban en su casa hombres y mujeres de todas las edades, razas y condiciones sociales. A veces llegaban señoras de la alta, con sus grandes sombreros emplumados y tenían que esperar su turno al lado de humildes muchachas, que sin decir una sola palabra dejaban ver las pésimas condiciones en las que vivían. En una ocasión llegó un notable caballero, con su bastón y un sombrero de copa alta, de esos que dan risa. Creyó que por andar en las tranzas de la política y ser muy bien parecido le iban a permitir pasar primero. No pudo dar un solo paso dentro de la choza, para cuando los campesinos y viajeros que se encontraban ahí ya lo habían echado a palazos y uno que otro balazo.

Si, nuestra virgen era rete conocida en los pueblos aledaños. Hasta doctores y científicos extranjeros trataron de explicar porque siempre lloraba y más que nada, cómo le hacía para no secarse. Pero ella seguía ahí, chille y chille, sin consuelo, sin explicación tan sólo con la mirada pérdida y llena de agua, como si nadie más existiera.

Depurando mi alma...

jueves, 2 de julio de 2009

Feliz Cumpleaños

Tirada en la ardiente arena, cara al sol. Anhelando evaporarme junto a los besos reprimidos que guardo entre mis pechos. Así es la mejor manera de agregar años a la vida. Recuerdo que solía ser una chiquilla. No llego a los veinte. Pero tengo más de cincuenta.¡Qué va, está cosa de la edad es abrumadora y tan relativa!


¿Alguna vez has sentido arruinar ese día, que todos consideran especial? ¿Es especial por qué llegaste al mundo? No me importa tener la culpa, a fin de cuentas tal vez yo lo decidí pasar así. Odio mis cumpleaños. ¿Celebrar que tienes unos cuantos días más en este desdichado mundo, pero que sigues siendo la misma miedosa niña de ayer? Vaya que es estúpido. Sin ofender a todos aquellos que les agrada.


Abrazos hipócritas, uno que otro sincero, noticias malas, noticias aún peores. Pero el pastel es bueno; casero, suave, al contacto a la lengua es exquisito. Puedo pasar casi todos los días del año contigo, pero no los cumpleaños. Lo consideraré una maldición.


Una vez más la náusea, anunciando un ataque de ansiedad. Estoy cansada, necesito unos brazos que me ayuden a ponerme en pie. No llegan y si llegan no los puedo ver. Perdón serás más feliz así, creeme.

Necesitas ser fuerte, ignorar unas cuantas cosas, hacer pequeños los problemas y vivir el momento.

Feliz cumpleaños Ale.. recuerda que aquí estaré el resto de tu vida.

De todo corazón, tu amiga de siempre Ale.

P.D. Sé que solamente te escribía en San Valentin, pero la ocasión lo amerita. Nos esperan muchos años por delante... tu, yo y nadie más. Ánimo.

Depurando mi alma...

lunes, 29 de junio de 2009

Miedo

-Y me encuentro de nuevo ahí, entre el abismo y tu racionalidad. Como un pez atrapado en una red, un cazador vuelto presa. Como un pequeño roedor que es atraído por el olor del queso hacía su muerte.

¡Qué más da! me encanta ir y venir entre tus pensamientos, para luego crear un sentimiento único y bizarro. ¿Será que te has convertido en mi más grande obsesión? El mundo se derrumba en torno nuestro, pero no importa realmente porque el tiempo se ha detenido una vez más.

Nuevamente asombrado por tu sencillez y muy confundido por tu complejidad. Entras y sales de mi vida, así lo he querido, a fin de cuentas eres un espíritu libre.. si eso eres.

No más reglas, no más peros, no más quejas y no más reclamos. Me he convertido en un espectador de tus movimientos, memorizo incluso hasta el más leve de ellos. Tratando de comprender lo incomprensible y de aceptar lo inaceptable.

Así somos y algún día el tiempo me ha de cambiar, por lo pronto te adoraré en silencio y mis deseos serán mi propia prisión. -

Su soliloquio se vio interrumpido de tajo por el denso silencio que inundaba el cuarto de baño. Tenía tantas cosas que expresar, tanto amor y odio para repartir. El vapor se condensaba lentamente en las paredes y junto con la llave de la regadera llena de sarro, formaban un cuadro conmovedor. A pesar del mugriento estado del baño, todo estaba en orden. Cada artículo de aseo personal, contaba con su etiqueta y lugar específico. Esto constituía una de sus tantas manías y una de las tantas razones por las que ella se había ido.

Con lentitud tomó la navaja de afeitar. La misma que había encontrado encantadora detrás de aquella vitrina, hacía tres días. No pudo resistir las ganas de comprarla. No se afeitaba desde el verano pasado, pero de algo debía servir la brillante y hermosa navaja. El reflejo de su rostro sobre la misma, lo hipnotizaba extrañamente.

Después de contemplarla un rato, suspiró profundamente y deslizó la hoja a través de la piel de su cuello. A pesar de haber durado unos cuantos segundos, pudo sentir el frío del metal inoxidable cortando capa a capa hasta tocar la carótida. Luego un río de sangre corrió por entre sus manos, ¡al fin lo había logrado! Se sintió desvanecer y cayó al suelo con gran estrépito. Su existencia estaba libre de miedo, su existencia había terminado. Tan indefenso como el día en que la conoció.


Depurando mi alma...

martes, 9 de junio de 2009

Ella

Mirándolo a los ojos casi como si quisiera penetrar en su materia gris, hizo la inevitable pregunta que se asomaba por entre sus gruesos labios. Le taladraba incesante cada noche, desde hacía una década, pero no se atrevía siquiera a sacar el tema a flote. Ella era sumisa, callada y todo lo que eso implica.. mirada triste y un tanto desesperanzada. Se encontraban en la habitación café, la que daba justo al patio central de aquella vieja casa. La habitación que la abuela se rehusaba a limpiar, y que por conveniencia, él utilizaba durante su estancia en la ciudad.



-¿Por qué ella?- al fin se vio interrumpido el silencio entre ambos. Él la miró y sus ojos se interceptaron en un atropellado intento por evitarlo. El calor era abrumador pero él debía contestar la pregunta; una infinidad de pensamientos lo acosaron, las palabras correctas no llegaban a su lengua y no quería verla llorar de nuevo. Desde aquella navidad todo era como una especie de ritual, en el que él se convertía en una bestia devoradora de hombres y de alguna manera ella no era precisamente devorada, más bien era macerada lentamente... sus gritos de dolor llenaban el alma de él.


Sin más remedio respondió.-Porque me intriga, aunque ni siquiera lo amerita... porque logra llamar mi atención más allá de lo físico...porque no escucho de ella lo que quiero escuchar y siempre me hace desesperar, pero al mismo tiempo de alguna forma inspira ternura y devoción desmesurada. Logré sentir mucha atracción hacía ella, tal vez sus ojos me envenenaron la sangre. En ningun momento pensé en desentrañarla, más bien pensé en que me desentrañaran.-


La habitación café, la que la abuela odiaba desde su más profundo ser, quedó en silencio de nuevo, está vez ella había muerto.


Depurando mi alma...

sábado, 6 de junio de 2009

Decisión

Su cigarrillo estaba por esfumarse y continuaba con la misma línea sin poder avanzar. Una atmósfera más densa de lo normal trastornaba su imaginación. Recuerdos vividos invadían su mente mientras un escarabajo caminaba apaciblemente por su escritorio. ¿Qué diablos estaba pensando? no se percató en qué momento cayó en ese negro callejón sin salida. De alguna manera la sombra de su moral seguía atormentándolo, dolor de cabeza, ineptitud laboral, un cigarrillo..



Retomó su escritura después de un suspiro, de una u otra forma debía terminar el artículo que le habían encomendado para la siguiente semana; su jefe era nefasto pero soportaba muy bien sus altanerías y pedanterías. Sin duda era el mejor en lo que hacía, pero eso no llenaba su espíritu, al menos no como aquella tarde nublada, gris, húmeda en la que sólo importaba la sonrisa de ella.




Depurando mi alma...

miércoles, 3 de junio de 2009

Momentos

Hace poco le dijeron que la vida se configuraba en base a momentos. Detener o acelerar el tiempo, no cambiaría ese momento, tendría que seguir inmerso en él.. al menos hasta que se terminara y tuviera comienzo otro. Le destrozaba esa idea, ya que si la vida se componía de momentos, definitivamente este no era el mejor aunque tampoco era el peor.



Simplemente se veía en la laboriosa tarea de seguir respirando y aguantar las náuseas que le producía. El hastío de su cama, de su ropa, de su misma piel que no era capaz de sufrir una metamorfosis.




Depurando mi alma..