Corrían ríos de lágrimas por todo su rostro. Entre los pliegues de su cuello se podía observar el rastro salado de todas aquellas gotas que ya habían muerto. No me pregunten por la expresión de su cara, era horrenda, la peor que he visto hasta ahora. Imaginen unos ojos tan hinchados y rojos, se les podía comparar con unos tomates a punto de reventar. Su pesar, no lo sé, hasta hoy es una incógnita para mi. Lo que no es una incógnita son sus sollozos doloridos, se escuchaban a kilómetros de distancia. Como aullidos de lobas que han perdido a sus cachorros. Se podría pensar que era una madre desesperada, llorándole a sus hijos; pero no, ella era soltera. Al menos eso creíamos todos. Yo siempre tuve una teoría. Probablemente se había enamorado perdidamente de un caballero viajero, al punto de extraviar su alma. Si, por eso lloraba, ¿Qué más podía ser? Enamorada y dejada la misma noche. La compadezco, no era para menos.
En el pueblo todo era normal. Había chámacos normales, árboles normales, perros normales, hasta el polvo era de lo más normal. Sin embargo año con año llegaban miles y miles de visitantes, cada uno cargando su propia historia. Tratando de mirarle a ella, de siquiera poder respirar el mismo aire. Por los viejos caminos se corrió el rumor de que era una especie de virgen, una mártir, y que con tocar una de sus tantas lágrimas podía sanar cualquier tipo de mal.
Yo no me tragaba esas tonterías, ¡qué mártir, ni que nada.. y menos aún virgen! Ella sufría como muchas otras muchachas de por aquí, el mal de amores. Sólo que por alguna cuestión científica no podía parar de llorar. A mi me parecía de lo más chistoso, como se empujaban y amotinaban en su casa hombres y mujeres de todas las edades, razas y condiciones sociales. A veces llegaban señoras de la alta, con sus grandes sombreros emplumados y tenían que esperar su turno al lado de humildes muchachas, que sin decir una sola palabra dejaban ver las pésimas condiciones en las que vivían. En una ocasión llegó un notable caballero, con su bastón y un sombrero de copa alta, de esos que dan risa. Creyó que por andar en las tranzas de la política y ser muy bien parecido le iban a permitir pasar primero. No pudo dar un solo paso dentro de la choza, para cuando los campesinos y viajeros que se encontraban ahí ya lo habían echado a palazos y uno que otro balazo.
Si, nuestra virgen era rete conocida en los pueblos aledaños. Hasta doctores y científicos extranjeros trataron de explicar porque siempre lloraba y más que nada, cómo le hacía para no secarse. Pero ella seguía ahí, chille y chille, sin consuelo, sin explicación tan sólo con la mirada pérdida y llena de agua, como si nadie más existiera.
Depurando mi alma...
Me encanta el lenguaje que utilizas, y que decir de la temática, llena de fantasia, pero ambién de mucha realidad, es bueno como convinas los elementos en la historia!
ResponderEliminarLo disfruté!
Un placer como siempre! =D
ResponderEliminarMuchas gracias..
Saludos!
ResponderEliminarMe encanto, buenisimo!! me quede con ganas de saber mas!! :(
Leere todas tus entradas jeje.