sábado, 29 de agosto de 2009

Día 40

La calle está muy oscura. Me he perdido en mi intento por escapar de la rutina. Vagos y perros se entremezclan, no los puedo distinguir. Aunada a mi mala fortuna, en mi escritorio me esperan algunos kilos de asuntos pendientes sin resolver. Camino a tientas tratando de no tropezar con otro ser y evitando en todo lo posible los charcos de agua. La suciedad que emana del lugar se puede percibir a la mínima inhalación. ¡Dios mío! ¿Cómo llegué a este lugar? No soy creyente, tú lo sabes.

Bloqueo mi mente en lo posible, al menos hasta encontrar un lugar seguro. ¡Sí!, aquí viene a mi memoria el primer día que te vi. Después de tres semanas de lluvia y de un clima maravillosamente frio, apareció el sol. Con ello mi mal humor, pero entre todo aquel esplendor y primaveral aroma que tanto me perturbaba, estabas tu. Mi sangre se heló y el pulso se detuvo por segundos. Luego una onda cálida, extraña y muy potente se apoderó de mí. Mis piernas insistían en seguirte, mi manos en estrechar las tuyas, mis labios en propiciar el encuentro, pero mi mente temblaba de miedo. Me paralicé. Luego añoré haber tenido el valor para hablarte, era un cobarde hecho y muy torcido. Ni mis años de arduo estudio sirvieron, y no es que esperara que lo hicieran, tampoco creo en el sistema educativo. Días enteros me lo repetí, maldije y renegué, pero la vida siguió su curso natural.

Semanas después, cuando creí que todo había sido un sueño, nos topamos frente a frente. Siempre he sido descuidado y en mi apresudado paso con la vista clavada en el suelo, te atropellé. Apenado te ayudé a levantar un montón de canicas de colores, que traías contigo. Se habían dispersado por toda la acera en un caótico orden. No levanté la mirada. La última canica se asomaba entre un hoyuelo del concreto y al tomarla descubrí lo que tenía frente a mí. Unos ojos capaces de adentrarse en lo más recóndito de mi ser. ¿Cómo era eso posible? todavía no lo comprendo. Tu sonreíste, yo me sonrojé. Hubo una tremanda conexión extrasensorial y una atracción más fuerte que el campo magnético de la tierra. Y todo para mi sorpresa. En menos de un tercio de segundo me había enamorado. Y no fue ese momento, con las canicas rodando y tu sentido de la orientación extraviado por el golpe. Fue desde el primer instante que sentí tu aura rondándome y las caricias de tu alma atarme a una prisión. En el espacio en que las horas, los minutos y los segundos se detienen perdiendo su sentido.

La mejor parte de la historia, es que mientras me disculpaba una y otra vez, nunca dejaste de sonreírme con tus hermosos ojos. Me di cuenta que también te habías enamorado. El clima pasó a segundo término una vez más. Y era como si el semáforo con su luz verde intermitente, los automóviles acelerándose para alcanzar a cruzar, la señora del puesto de revistas que bostezaba y la fila de hormigas que bordeaba la pared del edificio, hubieran dejado de existir. En la cotidianidad de la escena, sólo nuestras respiraciones exaltadas por el momento, se escuchaban.

Al final del callejón una luz, algunos pasos más y estaré ahí. Entre el calor y la pestilencia me están sacando de mis casillas, ya casi llego. Un hotel barato. No es seguro, pero no tengo otra opción. La oscuridad nos abraza con tal brutalidad, que no es posible caminar con libertad por las calles. Una mujer que no pasa de veinte años es la recepcionista. Su aspecto descuidado, dientes chuecos, amarillentos por la falta de aseo y la pared llena de moho arman el cuadro. El lugar apesta a humo de cigarro y alcohol adulterado. No tengo otra opción. Me han dado el cuarto doscientos treinta y nueve. Subo las escaleras, que entre crujidos me gritan su edad y la cantidad de personas que han pasado sobre ellas. Una puerta de lo más simple y con el número tres al punto del suicidio me anuncian que he llegado a mis aposentos. Cierro la puerta, no me molesto en prender la luz y mucho menos en desnudarme. Me recuesto y cierro los ojos deseando estar en otro lugar. La misma oscuridad que reina la noche invade mis sentidos. Te extraño

Novecientos sesenta horas menos...

Te amo


Depurando mi alma...


jueves, 20 de agosto de 2009

Día 14

Hoy tomé lápiz y papel. Los trazos de las letras me parecen irreales, objetos intangibles y emociones creadas por mi enferma mente. ¿Te he dicho que puedo predecir el futuro? hace tres días el cielo estaba nublado, pero no llovió. Yo lo predije. No es que sea una especie de psíquico, más bien analizo perfectamente todas las posibilidades de los eventos. ¿Recuerdas cuando lo conociste a él? también predije que te alejarías de mi cuerpo mortal, más no de mi alma.

Hacía una noche fría de invierno, pero en aquel bar que frecuentábamos, la temperatura era agradable. Elegimos la mesa más próxima a la entrada, el humo de cigarro te perturba mucho. Un vicio menos para mí. La música comenzó y pedimos unos tragos. De la nada te llegó una invitación en una sucia servilleta con la siguiente nota: "Bella como la noche, encantaste mis sentidos...mi nombre es Julio, acepta la bebida como un presente de mi parte. Me gustaría conocerte". No dije algo, esperé reacción alguna. Tus ojos se salieron de sus órbitas, buscando una respuesta en las partículas de aire. El brillo inquieto e ingenuo que emanaba de tu iris me lo dijo todo. No hizo falta que lo expresaras con palabras, el pensamiento fue externado por sí mismo.

A pesar de saberlo, me sorprendió la rapidez con que avanzó todo el proceso. Sabía que habría noches en las que me arrancaría la piel, mordería mi lengua, sacaría mis ojos y aún así no se podría comprar con el dolor naciente de mi pecho. ¡Y así fue! me hundí poco a poco en un estanque lleno de pensamientos oscuros. Ni el pasar de los carros, de los niños, de las nubes me arrebata esa imagen. El trabajo transcurría monótono y el café al caer del sol que solía disfrutar tanto, perdió su sabor. Despertando cada mañana, me daba cuenta que era un muerto en vida. La aspiración más grande que tenía, era llegar de nuevo a casa, en particular a mi dormitorio.

Era el último cuarto del pasillo que daba al jardín. Estaba oscuro, frío y un tanto húmedo, por toda la vegetación que había entorno del mismo. Dos paredes eran color verde olivo, una tercera café chocolate y la cuarta estaba ocupada por un amplio closet. Yo mismo lo diseñé. Siempre te gustó. La cama no era convencional, estaba al nivel del piso; el resto del mobiliario tú lo elegiste. Muebles importados de caoba fina y con un barniz especial para evitar el desgaste diario. Frente a la cama se encontraba el ventanal, de ahí se podía ver el patio completo. Con todos esos árboles y flores que te mantenías admirando. ¡Tontita! Y todo eso sin darte cuenta que tú eres mucho más bella. Sobre la pared principal del cuarto comencé un mural, un árbol con raíces salientes. En un inicio quería que fuera fogoso y con muchos frutos. No pude terminarlo, se quedó el puro tronco son sus raíces y ramas desnudas…

Sé predecir el futuro, ¿Ya te lo dije? Doscientos sesenta y cuatro horas menos.

Te amo

Depurando mi alma...

domingo, 16 de agosto de 2009

Día 1

Me encuentro fumando en la terraza, escribo estas líneas con la esperanza de algún día estar de nuevo a tu lado y mostrarte lo que mi alma ocultó todos estos años. Una ansiedad inmensa se apodera de mi ser, tal vez tu la sientes aún más que yo, no lo sé. Es un domingo cualquiera, pero se respira un aire asfixiante. La tarde es calurosa, edificio semi vacío, mi cabeza está exhausta. En el horizonte se puede ver una línea roja, supongo que es la contaminación de la "gran" ciudad, un día más que colapsa y el atardecer se adueña del ambiente. ¿Y yo?, aquí extrañándote, ¡amándote con tanta fuerza! Verdaderamente no sé que hacer con esto. En la semana sobreviví por la carga del nuevo trabajo, la búsqueda de lugares para comer, lavandería, tu sabes cosas cotidianas. Pero ahora, cuando el ritmo parece detenerse por unos momentos, me hago consiente de la decisión que tomé. Ahora es cuando la llama del deseo me hace cuestionarme acerca de lo que llamamos correcto. Me fui de aquel pueblo de polvorientas calles, con toda la intención de olvidarte y de iniciar otra vida. Una que si al menos no sería mejor, no me haría sufrir tanto al pensarte en los brazos de otro. Pero como decía mi abuelita "me salió el tiro por la culata".

La última hora junto a ti, en aquél café lleno de personajes bizarros, cambió mi perspectiva bruscamente. Recuerdo hasta el más mínimo detalle. Tu larga cabellera lacia y perfecta, se mecía con la brisa que entraba por la ventana; la comisura de tus labios que los definen de una manera realmente exquisita, tus ojos tan profundos y con esa sincera expresión de la que me enamoré. !Y qué decir de tu bella sonrisa! es una invitación a la alegría. Hasta recuerdo el mugriento recipiente del azúcar y como nuestras manos se rozaron al tratar de alcanzarlo. El café era de lo más asqueroso, sin cuerpo y con una textura por demás desagradable, pero ese instante no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo.

Ya oscureció, ciento sesenta y ocho horas menos.

Te amo



Depurando mi alma...