Hacía una noche fría de invierno, pero en aquel bar que frecuentábamos, la temperatura era agradable. Elegimos la mesa más próxima a la entrada, el humo de cigarro te perturba mucho. Un vicio menos para mí. La música comenzó y pedimos unos tragos. De la nada te llegó una invitación en una sucia servilleta con la siguiente nota: "Bella como la noche, encantaste mis sentidos...mi nombre es Julio, acepta la bebida como un presente de mi parte. Me gustaría conocerte". No dije algo, esperé reacción alguna. Tus ojos se salieron de sus órbitas, buscando una respuesta en las partículas de aire. El brillo inquieto e ingenuo que emanaba de tu iris me lo dijo todo. No hizo falta que lo expresaras con palabras, el pensamiento fue externado por sí mismo.
A pesar de saberlo, me sorprendió la rapidez con que avanzó todo el proceso. Sabía que habría noches en las que me arrancaría la piel, mordería mi lengua, sacaría mis ojos y aún así no se podría comprar con el dolor naciente de mi pecho. ¡Y así fue! me hundí poco a poco en un estanque lleno de pensamientos oscuros. Ni el pasar de los carros, de los niños, de las nubes me arrebata esa imagen. El trabajo transcurría monótono y el café al caer del sol que solía disfrutar tanto, perdió su sabor. Despertando cada mañana, me daba cuenta que era un muerto en vida. La aspiración más grande que tenía, era llegar de nuevo a casa, en particular a mi dormitorio.
Era el último cuarto del pasillo que daba al jardín. Estaba oscuro, frío y un tanto húmedo, por toda la vegetación que había entorno del mismo. Dos paredes eran color verde olivo, una tercera café chocolate y la cuarta estaba ocupada por un amplio closet. Yo mismo lo diseñé. Siempre te gustó. La cama no era convencional, estaba al nivel del piso; el resto del mobiliario tú lo elegiste. Muebles importados de caoba fina y con un barniz especial para evitar el desgaste diario. Frente a la cama se encontraba el ventanal, de ahí se podía ver el patio completo. Con todos esos árboles y flores que te mantenías admirando. ¡Tontita! Y todo eso sin darte cuenta que tú eres mucho más bella. Sobre la pared principal del cuarto comencé un mural, un árbol con raíces salientes. En un inicio quería que fuera fogoso y con muchos frutos. No pude terminarlo, se quedó el puro tronco son sus raíces y ramas desnudas…
Sé predecir el futuro, ¿Ya te lo dije? Doscientos sesenta y cuatro horas menos.
Te amo
Depurando mi alma...
Me ha gustado bastante!
ResponderEliminarSiento una nueva forma de narrativa, muy buena a mi ver, me gustó mucho la parte final, las descripciones de la habotación me recordaron algo que estoy viviendo actualmente, ese árbol! Dios!
Me encantó! =)
eitelas, 14 días. (:
ResponderEliminarsaludos,