Pastel de naranja: precalentar el horno a trecientos cincuenta grados; engrasar un molde. Batir mantequilla, sal; agregar harina, azúcar, una yema de huevo. Continuar batiendo y añadir leche, ralladura de naranja y un toque de melancolía. Se hornea por sesenta minutos.
Pastel de naranja. Mi último cumpleaños debo decir, fue significativo. Peleamos, gritamos, lloraste, me hundí. Pero hubo pastel de naranja. Pensabas en él y yo me amargaba con cada suspiro. El amigo que te escucha y el novio celoso y posesivo, se entremezclaron. Tus palabras pesaron más que tu compañía; tu presencia extrapolada, tu trato amistoso, el compromiso social. Jugabas con mis titubeos, tentando palabra a palabra el fruto de mi cólera. Estallé, estabas sin estar.
El auto no arrancaba y mi nueva chaqueta yacía en el asiento trasero. Fue un gran detalle de tu parte. La tensión aumentaba conforme los otros autos pasaban a nuestro lado. La sonoridad de la calle, un año más, la maraña de mis pensamientos, todo conspiró en mi contra. Tus gritos y sollozos no me dejaban concentrarme. El auto no encendía y un pastel de naranja me esperaba. No quería escuchar de él, era mi cumpleaños. No quería oír tus relatos que me taladraban, que me sumergían en una paranoia acompañada de ira y ansiedad. Era mi cumpleaños y había pastel de naranja.
Tú eres mi felicidad. Pero ese día la bestia se apoderó de mí y sin más remedio me rendí ante sus encantos; ni la música, ni la razón retuvieron mis instintos más primitivos. La sensación de posesión, de sentirte aún mía y parte de mis días, se hizo presente. Los celos enervaron uno a uno mis sentidos. Te tomé con firmeza por las muñecas, te forcé, te sometí. Estallé, estabas sin estar.
Mi cabello desordenado, la rabia de mis ojos, el sudor de mi frente reflejaba mi éxtasis irascible. Por un instante me despegué, observé la escena desde fuera. Tu mirada envuelta en un aura púrpura, la expresión torcida de tu boca y las marcadas arrugas sobre tu frente, turbaron tu inocencia. No soy violento, estallé. Un escalofrío recorrió cada una de mis vértebras, subiendo hasta la nuca. El golpe frío me hizo detenerme.
Lo siguiente, autodesprecio. Me dejé llevar por la espiral más profunda. ¿Formaría parte de una de tus pesadillas? o, ¿sería un recuerdo reprimido? Los colores de mi rostro regresaron al tono habitual, mientras mi moral se revolcaba en el fango. Culpa; cometí el yerro más execrable. Mis sentimientos me traicionaron, la pasión se tornó negra, repugnante.
Mi cumpleaños fue significativo, la serenidad se rompió y hubo pastel de naranja: perdóname.
Desmoldar inmediatamente y disfrutar... el pan suave y caliente me traslada a mi lugar de origen. El nítido olor a cítrico me recuerda tus ojos, aura de tus labios. Pastel de naranja.
Te amo
Depurando mi alma...
A veces me siento tan pero tan familiarizada con tus letras... Creo que ya lo sabías (:
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