Sin saber a dónde mirar, espero la hora de mi partida. Un año más que ha transcurrido, pero ahora las cosas llevan otra dirección. He dejado de esperar lo inevitable, tal vez no llegue, tal vez no me acuerde. Sentada sobre mis memorias, añorando que el día termine. Después de ningún abrazo hipócrita, las horas pasan con calma.
Una vez más me dedico a escribirte, ¿qué si se me ha vuelto costumbre? puede ser. Es catorce de febrero, mi deber es decirte cuánto te estimo, cuánto te aprecio... recordarte lo que representas para mí y lo bello que me parece tu interior.
¿Qué si porque lo hago? nadie te lo dirá tan sinceramente, nadie lo dirá sin arrepentirse unos meses adelante. Nadie te perdonará lo que yo te he perdonado, ni enjugará tus lágrimas de la forma que yo lo hice y seguiré haciendo. Me puedo jactar de que estaremos juntas por muchos años más, de eso no cabe duda. No hay forma en que pueda abandonarte a tu suerte, aunque debo confesar que me han dado ganas y lo he intentado. A veces me parece escalofriante lo que piensas, lo que haces, lo que dices, pero la paciencia es grande, por eso guardo silencio y espero a que reflexiones sola.
Espero que la paz aparente que reina tu tormenta, dure algún tiempo más. Después de todo es momento para que serenes tu mente, apacigues tu alma y recobres fuerzas para seguir adelante.
No temas, puedes hablar conmigo... siempre estaré para ti.
Gracias por todo y feliz San Valentín.
Atte: Ale
Depurando mi alma...
No hay comentarios:
Publicar un comentario