jueves, 24 de junio de 2010

Orión parte I

A veces la vida opta por ponerse un guante blanco y agarrarte a cachetadas, para ver si de casualidad logras reaccionar. No soy del tipo reflexivo, es más, ni siquiera me gusta sentarme a pensar por las tardes mientras ella pone a calentar el agua para su té.
La forma en que arribé a este hogar es bizarra. No paro de bendecir a mi primer amo. Recuerdo la última vez que lo vi y su cara de sorpresa al encontrarme tan diferente. Aunque excéntrico, era un buen tipo. Su espíritu ahora forma parte de la gran providencia de energías cósmicas y demás. No es que lo crea, pero que más le queda imaginar a un simple acompañante de los días como yo.
La casa es grande, muy amplia. Con tremendos espacios abiertos cubiertos de fino pasto y flores del campo. Me divierto mucho, casi tanto como cuando era un cachorro. La arquitectura es antigua, pero siempre hay luz. El alma de mi ama descansa, ambos nos estamos preparando para el gran viaje.

Llegué al mundo junto con otros seis hermanos. Dos de ellos murieron de pequeños, cayeron enfermos. El amo repartió a los otros tres entre sus familiares y decidió que yo debía permanecer a su lado, me llamó Orión. Mis primeros meses me divertía entre los hermosos robles del jardín, él cuidaba bien de mi. Pero un día su semblante cambió. Parecía como si todas sus riquezas ya no lo satisfacieran más, ni siquiera me miraba cuando le brincaba y me metía entre sus pies. Sólo me miró fijamente y dijo: "La vida a veces te da, a veces te quita, también tiende a forzarte a sobrevivir y enriquecerte con cada sonrisa. Hoy te suelto, con la esperanza de que la conozcas y seas feliz con ella. Que aprendas a amarla bajo cualquier circunstancia y siempre le seas agradecido, pues aunque a veces te echara a la calle, otras de recompensará con la más sincera de las caricias. Anda pues, eres libre."

Depurando mi alma...