martes 7 de septiembre de 2010

Certeza

Certeza. Es lo que me falta. Dirección. Es lo que no tengo. Por que hasta la más mínima partícula de tu existencia me tira de suspiros. ¿Qué si dónde has quedado? lejos, ya no me reconocerías. Una metamorfosis de a poco a ocurrido. ¿Quién me lo ha hecho? la vida, niña mía. Cuarto amarillo, pelos de perro, trastes en el suelo. Caricatura, a veces gorda otras tantas flaca. Como cuando hay ánimo, como cuando hay hambre. Mis pupilas no se llenan. Y mis encantos desaparecen, cada día más ansiosos de sexo. ¿A qué me dedico? a suplicar. A veces extraño, otras no tanto. Pero siempre quiero estar en otro lado. No sé dónde, pero en otro espacio. !oh sí! la música, inerte compañera de las horas de hastío. Frívola. Sin sentido y extraordinariamente nauseabunda. Ya no es la misma.
Pobre madre mía, tan vieja, tan acabada. Preocupada de todo y llena de nada. Se le escurre por la voz su humildad, su falta de amor. Sus hijos no la miran, no la escuchan. No la recuerdan. Pobre madre mía! cuánto has de sufrir! con las noches de alcohol y los días de llantos. Con tus manos manchadas por el tiempo, por la vejez. Arrugadas, opacas, resecas. Tan tuyas.
De mi padre, mejor no hablo. El viejo se largó. No regresó. Me dejó un par de chanclas y las bolsas agujeradas. Esparcieron la esperanza, dejándome sin él y sin ella.
Añoro perderme en el mar de tus brazos para ya no acordarme.

Depurando mi alma...

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